De qué hablamos cuando hablamos de reinserción social

En los últimos años, tanto instituciones como organizaciones relacionadas al sistema judicial y penitenciario, han orientado la discusión hacia la reinserción social. Se ha puesto énfasis en potenciar habilidades y competencias, y facilitar una reintegración completa de individuos anteriormente privados de libertad. ¿Es esta una alternativa efectiva?

Una vez que un sujeto cumple una condena, es importante otorgarle la posibilidad de volver libremente en el orden social y legal y que realmente adquiera un sentido social. Esto se da por medio de la colaboración de distintos actores – vecinos, empleadores, familias – en conjunto a la ejecución de prácticas y facilidades (Campos, 2010).

¿A qué nos referimos cuando hablamos de reinserción? Si bien aún hay diversas miradas y teorías, se enfoca en un proceso comunitario que se debe trabajar por medio de políticas públicas.

El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Chile lo define en su sitio web como “un proceso sistemático de acciones que se inician desde el ingreso de una persona a la cárcel (…), y prosigue cuando la persona retorna a su vida en libertad”. Este proceso es dinámico. La reinserción tiene que ver directamente con la readaptación y resocialización de quienes han estado privados de libertad, en la que es necesaria una “actualización de determinados códigos que posibilitan la vida en sociedad”.

Ya que no es una tarea fácil, se requiere asistencia a la hora de reinsertarse a la sociedad – que puede ser impositiva, pragmática o existencial, dependiendo de cada caso e individuo. También implica herramientas psicológicas, laborales y sociales.

El modelo RNR (usado por Gendarmería, por ejemplo) es el más frecuente a considerar desde las organizaciones. Este considera tres ejes de acción: intervención psicosocial, capacitación ocupacional y colocación laboral. Los tres se enfocan en avances cualitativos que buscan entregar herramientas y acompañar al sujeto.

Otra mirada es afirmar que es una integración a secas, y que el individuo nunca se encontró en la sociedad: se habla de un infractor de normas y leyes (o quienes han estado fuera de un marco social establecido) siendo necesario que alcance una “normalidad”.

Sea como sea, las investigaciones apuntan a que la reinserción vivida en primera persona “tiene relación con la manera en que estas personas enfrentan el retorno a su familia, al grupo de pares, a la comunidad, a los espacios laborales y a las redes institucionales, así como también con la actitud y los recursos para enfrentar ese momento y con la disposición y posibilidades con que el entorno lo recibe” (Arellano, 2009).

La reintegración busca que el individuo regrese a la sociedad, tomando en cuenta un enfoque valórico, práctico y funcional (Hedderman, 2017). La realidad carcelaria en Chile exige medidas como estas, donde entra en juego la necesidad de políticas públicas y actuar sobre la reinserción.

Hoy no existe un modelo de reinserción social que sea sólido ni con constructo teórico y en ejecución en nuestro país. Falta análisis de la población penal, oferta de oportunidades y necesidades concretas de la comunidad. Hay que comprender que se trata de un proceso paulatino: es transformar un estilo de vida, un cambio en sociedad, no sólo de aquellos individuos que se categorizan como población penal.

Sin reinserción social, la búsqueda de una mayor seguridad pública está perdida, manteniendo un círculo social marginado, excluido y con una gran desigualdad de oportunidades.

Como ONG Galerna, pensamos el promover la proactividad, autonomía y valor de la persona en el proceso de reinserción. Que se debe acompañar no sólo en un ámbito: mientras más manos y más áreas se cubran y se apoyen, será más efectivo. Aún queda mucho por hacer en este ámbito, lo que llama que ir educándose, apoyando, y construyendo una mejor calidad de vida para todos y todas.

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